domingo, 2 de mayo de 2010

Bendita y amarga liguilla....

Pues, comenzó la liguilla. Y efectivamente ocurrió lo que claramente se veía venir.

Ha comenzado la fase final de nuestro torneo, ese torneo que nos pone la carne de gallina y hace que nos emocionemos cada minuto del partido.

Se viene la parte más feliz, que paradójicamente, es en la que mas sufrimos como seguidores de uno u otro equipo.

No se puede evitar el estar ansioso durante los días previos, la preocupación a unos instantes de que inicie el juego. Aguantar la presión que los medios de comunicación le metan para darle un sabor de suspenso, ver como los rivales que no calificaron, piden por que a el rival de toda la vida, no le alcance para seguir, estar con los amigos pidiéndole a Dios que guié a tu equipo y que se quede con la victoria.

Apagar los celulares, decirle adiós al correo electrónico y cortar toda comunicación con el mundo laboral. Mandar a la novia, esposa o amiga por algo que no necesites, solo para que no interrumpa el previo.

Tener el asador ya en su punto solo para poner la carne y que esta lista para el silbatazo inicial. Sin olvidar la hielera llena de ese liquido que nos refresca la garganta sobre todo en esta temporada.

Así es, comenzó la ‘Fiesta Grande’. Para algunos, solo son juegos de fútbol (la mayoría que piensa así es por que su equipo no alcanzo a llegar a las finales o simplemente odian este deporte), para otros, como a su servidor, son 180 minutos, como mínimo, de sentir que el corazón se sale del pecho, que las cuerdas vocales se desgarrarán en cualquier momento por ese grito de gol que esperamos a que llegue o que se quede ahogado en el estomago al ver que no lo pudieron conseguir.

180 minutos donde sabes que todo puede ocurrir y que, en un abrir y cerrar de ojos, todo cambio, para bien o para mal.

Es una sensación que solo aquel amante al deporte de los pies, sabe y conoce a la perfección. Ver que el delantero de tu equipo no halle por donde meter el balón a la portería, que el portero no pudo detener el disparo del contrincante y que te vas abajo en el marcador. El estar pegado al televisor, con cerveza en mano, dirigiendo, motivando y exigiendo a tu equipo como mejor crees que puedan jugar, a pesar de que sabes que no estas ahí, y que no pasara nada.

El saber que te fuiste con la ventaja en contra y esperaras el desenlace en el juego de vuelta, y te seguirá una semana de profunda angustia e impotencia.

Que por fin, llegó ese día y tu equipo logro remontar en el último minuto, y saber que la historia se repetirá en las semifinales.

Por lo pronto, yo ya tengo mi terreno de juego bien preparado, mi once titular donde el numero 10, prepara la carne para que todos la degustemos, y esperar con gusto esas 2 horas donde no pararemos de sufrir, pero no nos despegaremos de ese monitor hasta que el arbitro así lo determine, se gane o se pierda.